viernes, 8 de abril de 2011

LA PASTORAL DEL NIÑO: CONSEJERIA Y DISCIPULADO

Hablar de Pastoral del Niño, es hablar de ayudar a una vida, una vida en formación. Muchas veces tenemos niños en nuestra Escuela Dominical, vecindario, etc... Sería bueno preguntarnos ¿cuántas veces sabemos como están?. Podemos ver a través de sus rostros o actitudes lo que le sucede? ¿Estamos atentos a poder socorrer  a aquel niño que se cruza en nuestro camino?  Si nos preparamos, claro que si.
 
La mejor ilustración de la necesidad de pastorear a los niños es este caso:

“Una niña que pasa todo el día con su abuelita, quién la cuida por que los padres trabajan.
Por esas cosas de la vida, uno de los padres de la niña llega a veces temprano pero la niña sigue con la abuelita. La relación que se ha dado entre la niña y la abuelita es tal, que la niña la llama mamá. Sumado a ello la niña no solo vive con sus padres sino que, a llegado a vivir parte de la familia de uno de sus padres; y ellos pasan más tiempo en casa que la misma niña.”

Estamos hablando de un caso donde la pareja conoce a Dios y lo que El quiere de la familia cristiana.
Pero a la vez, de una pareja que empezó equivocando el camino, que primo más sus emociones que a obediencia a su Señor.

Que haría usted?

Bueno lo que yo haría sería:
v  Conocer bien el entorno de la niña, es decir, su familia, la abuelita, los otros miembros nuevos de la familia que han llegado a su casa.
v  Saber sus necesidades, como se siente ante todo lo que le esta pasando y sucediendo en su casa.
v  Si los padres lo permiten tener reuniones con ellos y la niña para poder ayudarla y poder aconsejar a los padres.
v  Utilizar herramientas adecuadas para saber su condición emocional, sus reacciones, conducta, etc.
v  Tener un archivo con su ficha personal y de la ficha de  entrevistas sostenida con la niña y/o familia.
v  Hacer uso del material de apoyo para cada una de las entrevistas con la niña.

Lo principal es que si decidimos entrar en la pastoral de un niño (a) debemos comprometernos en ayudar a esa vida. Recordemos lo que la Palabra nos dice:

“Levántate, da voces en la noche al comenzar las vigilias; derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; alza hacia El tus manos por la vida de tus pequeños, que desfallecen de hambre en las esquinas de todas las calles.” Lamentaciones 2:19.

Queremos ver niños restaurados y sanados?  Hay algo que debemos hacer y es que empecemos por clamar por ellos y pedir que se abra la puerta de ayuda para cada uno de ellos y sus familias.


Programa AMED


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